ÁNGELES OLVIDADOS
Cuando una mujer se casa se convierte en la mitad del hombre. Y cuando éste muere, se considera que la mitad de ella también muere. Son las creencias hindúes. Las viudas quedan sometidas a un trágico destino, no pueden casarse otra vez, excepto con el hermano del difunto, y son vistas en su sociedad como sombras y señales de mal augurio.
En el mundo talibán, las mujeres se cubren de pies a cabeza con sus burkas. Caminan por las calles sin poder disfrutar del sol sobre su cara. Desarrollan el sentido de las miradas, pero desconocen el lenguaje de las sonrisas o el de los malos gestos porque no los ven.
En China, los embarazos están controlados por la ley del “hijo único” que se estableció en 1980. Si primero conciben una niña, se les permite quedarse embarazadas otra vez con la esperanza de tener un niño. Más allá de esta excepción, las mujeres con recursos económicos se enfrentan al aborto. En Sierra Leona, a las adúlteras se las castiga salvajemente. Su cuerpo es enterrado en la tierra, pero dejan al aire libre la cabeza para que mueran lapidadas.
Así, podría ir describiendo uno a uno los diferentes países en donde se lastima a la mujer. Tampoco es necesario nombrar casos tan extremos, hablar de lugares tan lejanos y adentrarse en culturas poco cercanas y muy desconocidas. En España, también existe, bajo otro maquillaje, el maltrato hacia la mujer. Durante años, parte de la sociedad ha sido patriarcal y la mujer debía casarse, tener hijos, cuidarlos y disfrutar de la familia en casa. Tal vez, estas ideas desaparecen poco a poco y somos, como se dice ahora, una sociedad progresista. Aunque las historias que se cuentan en los medios de comunicación son alarmantes. Y los programas de sucesos se llenan la boca describiendo cómo el vecino del quinto ha prendido fuego a su esposa. Al final, la situación de tanto repetirse queda olvidada.
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Un feto puede sentir dolor antes de nacer. Es una de las contribuciones aportadas a través de las técnicas de ultrasonido que reconoce, como reacciona el feto a estímulos concretos, según Giuseppe Buonocore y Carlo Bellieni de la Universidad de Siena.
La matriz es un lugar preservado, pero no bloqueado, el tacto es la primera lucidez que la criatura, ya persona, despliega. Asimismo los lozanamente germinados tienen memoria funcional, retienen buqués y aromas recibidos en el útero de la mujer en estado de buena esperanza. El no nacido también percibe las eufonías, abarcando el griterío de la mamá e inclusive, escrutan las melodías que la madre oía durante la gestación.
Anand, educador en la Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas, expresaba al New York Times, que los fetos pueden percibir el padecimiento desde la semana 20 del estado de gravidez.
Sin embargo, es arduo para los valedores del malparto, aceptar que un feto perciba el sufrimiento, lo que manifiesta lo errados que están, al oponerse al no nacido y negarle la oportunidad de existir.
"Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo ser humano", afirma el Catecismo de la Iglesia Católica.
Reconocer que el feto puede sentir dolor es un paso definitivo, para su reconocimiento como persona.
Eresfea -