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kabuki

BULTOS DE CARGA

 

                 Navegan días y días  sobre un fondo negro desconocido. Sus cuerpos se debilitan con el movimiento de las olas. Acurrucados para combatir el frío y porque no hay espacio  ni para mover los dedos de los pies; esperan a que la patera les conduzca a una playa soñada, a una nueva vida. En los mejores de los casos, los guardacostas interferirán el viaje antes de que la muerte les alcance. Llegarán a la costa cubiertos con mantas, con una botella de agua en las manos y la esperanza rota. Después de otra gran batalla de supervivencia, saben que regresarán al comienzo: a su tierra querida, el lugar que deben abandonar para encontrar un futuro.

No sé que ilusiones creen que van a encontrar en España, o en cualquier país del “primer nivel”. Seguramente se conforman con alcanzar lo básico para vivir como seres humanos. Que todo será más fácil para buscar lo que se les ha negado por haber nacido el la parte equivocada.  Pero, desconocen que este hemisferio, el del norte, lo hemos plagado de personas egoístas y caprichosas. ¡Perdonad!,  me equivoco, porque se me olvidaba que en la zona en donde yo vivo la élite alardea de su buena voluntad en conferencias mundiales sobre la pobreza, la clase media acude a conciertos solidarios o envía donaciones a Ong cuyo  número se ha  disparado en los últimos años. Eso de llamarse  organización sin ánimo de lucro tiene su gracia. Somos almas que nos desvivimos en mostrar nuestra caridad: apadrinamos niños del Tercer Mundo, enviamos aviones con  paquetitos de harina y arroz a los más necesitados y nos conmovemos  cuando por televisión vemos imágenes de niños famélicos. Pero, ¡ojo como caminemos por la calle y nos topamos con  algún inmigrante!, agarramos bien el bolso y si podemos nos cambiamos de acera. No quiero decir que todo el mundo es insolidario o racista. Existen tipos admirables que dedican parte de su vida a luchar por las causa “perdidas”. Gracias a ellos, algunos de los sin papeles que viajan en las pateras consiguen recuperar su condición  de ser humano.

El esfuerzo de las personas comprometidas es insuficiente; los inmigrantes siguen siendo  bultos de carga que nadie quiere. Los gobiernos de los países subdesarrollados  no impiden la salida masiva de su pueblo  porque no hay recursos para mantenerlos. Además,  están demasiado ocupados en llenarse los bolsillos y los no tienen tiempo en buscar soluciones . Los países ricos los reciben con cortesía barata, sólo nos quedamos con los necesarios para mantener nuestro nivel económico, el reto, los devolvemos a su tierra.  
 
 
 
 
 

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