LADRONZUELOS DE SENTIMIENTOS
Pueden llegar a ser adorables. Nos roban el corazón cuando están dando sus primeros pasos. Caminan como patitos, con exagerado contoneo y un meneo de caderas muy gracioso. Nos roban la sonrisa cuando recitan la última canción que han aprendido en el colegio o cuando hacen una de sus payasadas o intentan pronunciar una palabra difícil de vocalizar. ¡ Ah!, pero muchos cuidado con sus trastadas, ocurrencias o sinceridad. Quitan la paciencia, en muchas ocasiones. Si están jugando con la pelota, de un momento a otro, provocarán algún estropicio; pueden romper el retrovisor del coche del vecino o pueden pegar un balonazo en la cara a Maruja, la portera. Entonces, los metes con un grito en casa, los sientas en el sofá y les das unos colores para que pinten en un folio y se queden tranquilos por unos minutos. ¡Eso sí!, que tengan claro que deben dibujar en el papel, porque si les entra la vena artística pueden que necesiten un espacio más amplio, como las paredes blancas del salón.
La curiosidad es su principal característica , lo quieren saber todo de todo y hay días que no paran de hacer preguntas: ¿por qué el cielo es azul?, ¿adónde va el agua de la lluvia?, ¿por qué no tengo un hermanito?... Cuando el niño hace de investigador lo más peligroso, las visitas. Más aún si la visita en concreto es un amigo con problemas de calvicie. El pequeño lo saluda, obligado, con un beso en la mejilla y a continuación comenta en voz alta: ¡Oye!, ¿por qué no tienes pelo en la cabeza? Aquí ya te ha robado el último suspiro. Sólo queda dedicar media sonrisa al tu adorable monstruillo y decir al amigo: ¡cómo son estos críos!
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jason -